«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.»
Gálatas 6:9
Uno de los momentos más difíciles de cualquier proceso es aquel en el que llevamos mucho tiempo esforzándonos y todavía no vemos resultados.
Has trabajado.
Has orado.
Has intentado.
Has esperado.
Y entonces aparece una pregunta:
¿Vale la pena continuar?
La Palabra de Dios nos anima a no abandonar.
No todo crecimiento puede verse
Cuando plantamos una semilla, no vemos inmediatamente lo que está ocurriendo debajo de la tierra.
Durante un tiempo parece que nada sucede.
Pero eso no significa que la semilla esté muerta.
Está desarrollando raíces.
Nuestra vida puede atravesar temporadas similares.
Quizá no veas resultados todavía, pero eso no significa que tus esfuerzos sean inútiles.
Hay procesos que necesitan tiempo.
La perseverancia se demuestra cuando nadie está mirando
Es fácil continuar cuando los resultados son evidentes.
Lo difícil es seguir cuando todavía no existe ninguna señal clara de que algo está cambiando.
Ahí aparece la verdadera perseverancia.
Continuar estudiando.
Continuar trabajando.
Continuar orando.
Continuar haciendo el bien.
Continuar creyendo.
Aunque todavía no puedas ver la cosecha.
No confundas lentitud con fracaso
Vivimos acostumbrados a esperar resultados rápidos.
Pero algunas de las cosas más importantes de la vida requieren años para desarrollarse.
Una relación sana.
Una carrera profesional.
Un proyecto.
Una habilidad.
Una vida espiritual fuerte.
No todo puede construirse rápidamente.
A veces necesitamos aprender a confiar en el proceso.
Dios conoce el momento de la cosecha
Gálatas 6:9 no dice que nunca llegará la cosecha.
Dice:
«A su tiempo segaremos.»
Eso significa que existe un tiempo.
Quizá no sea el momento que nosotros esperábamos.
Quizá llegue de una manera diferente.
Pero nuestro trabajo es permanecer fieles mientras esperamos.
Da un paso más
Tal vez hoy estés cansado.
No necesitas correr.
No necesitas hacer cien cosas.
Quizá solamente necesitas dar un paso más.
Haz esa llamada.
Termina esa tarea.
Vuelve a intentarlo.
Haz el bien.
Ora nuevamente.
Y continúa.
Un paso aparentemente pequeño puede acercarte mucho más de lo que imaginas.
Reflexión final
Si estás pensando en rendirte porque todavía no ves resultados, detente un momento.
Recuerda cuánto has avanzado.
Recuerda todo lo que has aprendido.
Recuerda las dificultades que ya superaste.
Y pregúntate:
¿Realmente quiero abandonar o simplemente necesito descansar?
Si necesitas descansar, descansa.
Pero no confundas el cansancio con la necesidad de abandonar tu propósito.
Sigue sembrando.
Sigue creyendo.
Sigue haciendo el bien.
La cosecha puede estar más cerca de lo que imaginas.
Una pregunta para reflexionar
¿Qué esfuerzo has estado a punto de abandonar y qué pequeño paso puedes dar hoy para continuar?
No necesitas saber exactamente cuándo llegará el resultado.
Solo necesitas confiar, perseverar y dar el siguiente paso.
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Recuerda: algunas semillas necesitan tiempo antes de convertirse en frutos.
No abandones simplemente porque todavía no puedes ver lo que está creciendo.
Sigue adelante. Tu esfuerzo no es en vano.
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