Hay una preocupación que muchas veces no nos damos cuenta de que estamos cargando: la preocupación por lo que todavía no ha sucedido.
Pensamos en mañana.
En la próxima semana.
En lo que podría salir mal.
En las conversaciones que tendremos, las decisiones que tendremos que tomar, las dificultades que podrían aparecer y los problemas que quizás tendremos que enfrentar.
Y mientras nuestra mente intenta resolver un futuro que todavía no existe, dejamos de vivir el único momento que realmente tenemos: hoy.
El futuro puede robarte el presente
Preocuparse por el futuro puede parecer una manera de prepararnos.
Pero existe una diferencia entre prepararnos responsablemente y vivir constantemente anticipando problemas.
Podemos planificar.
Podemos ahorrar.
Podemos tomar decisiones prudentes.
Podemos prepararnos para determinadas situaciones.
Pero también podemos caer en el ciclo de imaginar una y otra vez todo lo que podría salir mal.
Y entonces ocurre algo:
El problema todavía no existe, pero la preocupación ya está ocupando nuestro corazón.
Jesús nos dejó una enseñanza poderosa
En Mateo 6:34 encontramos estas palabras:
“No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán.”
No significa que debamos ignorar nuestras responsabilidades.
Significa que no debemos permitir que el futuro consuma completamente nuestra paz presente.
Cada día tiene sus propios desafíos.
Y cada día también puede traer nuevas oportunidades, nuevas respuestas y nuevas fuerzas.
Hoy tienes suficiente con lo de hoy
Quizás estás intentando resolver una situación que todavía no necesita ser resuelta.
Quizás estás pensando:
¿Qué pasará después?
¿Y si las cosas empeoran?
¿Y si no encuentro una solución?
¿Y si algo sale mal?
Pero detente por un momento.
Pregúntate:
¿Qué puedo hacer hoy?
Tal vez puedes hacer una llamada.
Tal vez puedes tomar una decisión.
Tal vez necesitas descansar.
Tal vez necesitas pedir ayuda.
Tal vez necesitas orar.
Tal vez simplemente necesitas aceptar que hay cosas que todavía no puedes solucionar.
Eso también es parte de vivir un día a la vez.
No puedes controlar todos los mañanas
Una de las razones por las que nos preocupamos tanto es porque queremos tener certeza.
Queremos saber qué ocurrirá.
Queremos garantías.
Queremos conocer el resultado antes de comenzar.
Pero la vida no funciona de esa manera.
Habrá cosas que no podrás controlar.
Habrá respuestas que llegarán después.
Habrá caminos que solamente podrás comprender cuando ya estés caminando por ellos.
Y precisamente allí aparece la fe.
Confiar en Dios significa continuar incluso cuando no tienes todas las garantías que quisieras tener.
Dios ya está en tu mañana
Tú todavía no has llegado al día de mañana.
Pero Dios no está limitado por tu calendario.
Lo que para ti todavía es desconocido, para Él no lo es.
Por eso puedes entregarle aquello que todavía no puedes resolver.
Puedes decir:
“Dios, no sé qué ocurrirá mañana, pero confío en que estarás allí.”
Esa oración no elimina automáticamente todos los problemas.
Pero puede cambiar la manera en que los enfrentas.
Vive el día que tienes delante
Mira alrededor.
Este día está aquí.
Tienes una oportunidad para comenzar nuevamente.
Puedes disfrutar una conversación.
Puedes hacer algo bueno por alguien.
Puedes trabajar en aquello que está bajo tu responsabilidad.
Puedes descansar.
Puedes agradecer.
Puedes acercarte a Dios.
No permitas que una preocupación futura te robe todas las pequeñas bendiciones que existen en tu presente.
Preocuparte no adelanta el futuro
Puedes pensar durante horas en lo que podría suceder.
Pero preocuparte no hará que mañana llegue más preparado.
No hará que tengas más control.
Y tampoco garantiza que el escenario que imaginas vaya a ocurrir.
Muchas veces descubrimos que aquello que tanto temíamos nunca sucedió.
Y mientras tanto, perdimos horas, días o incluso momentos importantes preocupándonos por algo que nunca llegó.
Por eso, cuando aparezca una preocupación por el futuro, intenta preguntarte:
“¿Esto necesita una solución hoy o solamente necesita que confíe en Dios?”
Esa pregunta puede ayudarte a recuperar perspectiva.
Un día a la vez
No tienes que resolver toda tu vida esta semana.
No tienes que conocer todas las respuestas.
No tienes que saber exactamente cómo terminará cada historia.
Hoy solamente necesitas vivir este día.
Haz lo que esté en tus manos.
Entrégale a Dios lo que no puedes controlar.
Y cuando llegue mañana, entonces podrás enfrentarlo con las fuerzas de ese nuevo día.
No con las preocupaciones de hoy.
Reflexión final
Quizás llevas varios días cargando mentalmente problemas que todavía no han ocurrido.
Quizás estás agotado porque estás intentando vivir hoy y mañana al mismo tiempo.
Hoy puedes soltar un poco ese peso.
Respira.
Ora.
Haz tu parte.
Y deja que Dios se encargue de lo que todavía no puedes ver.
Una pregunta para ti
¿Qué preocupación sobre el futuro necesitas dejar hoy en las manos de Dios?
No necesitas cargar mañana antes de que llegue.
Vive hoy. Confía en Dios. Y cuando llegue mañana, vuelve a caminar con Él.
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