Este caso lleva a Owen Mackey a un terreno mucho más íntimo. La víctima es Cormac Whelan, su antiguo oficial de entrenamiento cuando era un novato en el departamento, un hombre respetado en Old Rowan y, en apariencia, un pilar de su comunidad.
Pero a medida que Mackey y Marchetti investigan, descubren una verdad que nadie en el barrio quiso ver, o quiso admitir, durante décadas: detrás de la fachada del matrimonio Whelan había treinta y cinco años de abuso silenciado. Eileen Whelan, la esposa de Cormac, termina siendo la responsable de su muerte, en un acto que desdibuja por completo la línea entre víctima y culpable.
Este caso obliga a Mackey a confrontar algo que ninguno de los expedientes anteriores le había exigido: la posibilidad de que la justicia no sea tan clara como los hechos, y que a veces el verdadero crimen lleve conviviendo, sin castigo, mucho más tiempo del que cualquiera quisiera admitir.
Un caso. Una ciudad. Una verdad que el barrio prefirió no ver.









